3:00 de la mañana

A veces se me rompe el sueño, me despierto inmóvil como queriendo guardar silencio, trago techo y compruebo que tardaré en volver a dormirme.
Escucho el fluir del agua de la depuradora, le acompañan al compás unos grillos. Seguramente sean negros, como mi sombra en la ventana cuando me incorporo para escucharlos.

Uso estos momentos para pensar en las cosas del día, me vienen mis amigos, el trabajo, mis padres, mi hermana, alguna que otra falda lo suficientemente corta como para no dejarme pensar en otra cosa y por supuesto ella, siempre ella, veo su vídeo, escucho sus audios e imagino cosas inimaginables.

Mi momento preferido es cuando el 59 se convierte en 00 para volver a crearse, es como un ciclo vital, siempre una nueva oportunidad de empezar de cero, una nueva oportunidad de crear… y a mi la palabra crear ya sabes… me pone digamos que “creativo”.

Me abrazo a la almohada cuando me salpica el agua de la ola de trabajo que me viene encima, intento nadar, sé que sé nadar. Recuerdo a mi amigo Jaime cuando me decía: “naciste preparado” con una -voz en off- típica del cine. Joder esas dos palabras eran pura magia. Ojalá estuvieras aquí ahora para discutir conmigo si el minutero debería terminar en 69, que es un número mucho más suculento, armonioso diría yo. Estoy seguro que estarías de acuerdo y asentarías con la cabeza en lo de “suculento”.

Observo la vida que he creado, parece que las expectativas que la Ángeles tenía para su nieto se van cumpliendo poco a poco… y es que no hay nada como tener guiño del más allá como As en la manga.

Pienso en la inminente necesidad de tiempo que hace enfermar a la sociedad y como este es cada vez más escaso. ¿Se puede ser feliz sin tiempo? o quizás ni se tiene el tiempo suficiente para pararse a pensar si se es feliz. Hablando de tiempo, ya pronto es el aniversario de nuevo de mi carta al tiempo… menuda velocidad.

Tres de la mañana llega el camión de la basura, se lleva todo lo que no queremos, pienso si existiera un camión de basura emocional que nos pidiera amablemente si tenemos algo que deseemos desechar, así sería todo más fácil y le doy vueltas al coco pensando si daría algún recuerdo, algún nombre de mujer o si me quedaría sin inspiración al hacerlo.

Leo y termino alguno de los libros que siempre duermen en mi mesita de noche, Me viene también una fuerza interior que confundo con ansiedad, pero que más tarde compruebo que es mi deseo de hacer llegar sus enseñanzas al mundo, como si quisieran escaparse de mi con la puerta cerrada, dudo si las recordaré pero confío en que salgan en el momento adecuado con la persona precisa.

Me da tiempo a ponerme optimista e imagino que escribo un libro con todos mis escritos, es bonito, discreto y elegante, como mi gata. También hay tiempo para que salga mi voz pesimista y me diga que primero debería aprender a escribir, además de reírse preguntándome quién lo compraría.

Y es que comprobarás que esto no es más que una lluvia de ideas con ciertas moñerías fáciles de rimar y que son mis dedos los que buscan un buen final para este texto, bello, completo, como la sonrisa que dibujará tu boca, cuando lo leas más pronto que tarde, a deshora.

SM

Mil Gracias
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