La magia del camino

Ahora que estoy por fin sentado, tranquilo,
de mis cansados recuerdos saco la mitad del sístole
superviviente tras el largo camino.
Recuerdo ser hombre libre, valiente, auténtico,
mi yo más mío se hizo caminante peregrino.
Caminé por senderos verde esperanza,
acaricié el trigo, perseguí cada uno de tus pasos,
cortos pero vivos.
Y gané con el ritmo de tu sombra
alcanzarte en un abrazo inesperado.

Miré con todas mis vacunas de amor
el fondo de unos ojos verdes de la capital,
dispuesto a todo, menos a olvidarlos,
decían que era amor o una cosa parecida.

Ojos verdes pero ciegos, donde aprendí a volar
desde Pedrouzo a Santiago, sin miedo ni condición
por los pensamientos más puros, más inolvidables.
Dejé libre en vuelo a un amigo vivo dentro mí
que por no tenerlo me desangraba las venas de mi sangre.

Ahora que estoy por fin sentado, tranquilo,
busco mi yo más mío, intento tocar tu yo más tuyo,
sacando sangre a cada uno de mis sentimientos
que viajan en un mágico autobús,
por las arrugas de un camino anciano
llenando de “quieros” la distancia de un no puedo.

Verde camino, a betas, a trazos, a despojos
me dejan sus ojos cuando los miro,
cuando busco en tu abrazo un trozo de mi ser,
y vivo encontrando un olor a olvido,
con los labios de tu indiferencia
dejando carmín en mis escritos.

SM

Mil Gracias
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